PERÚ, TIERRA DE INCAS

Cuando planeas un viaje a Perú, las expectativas son muy altas y no es para menos, no todos los días tenemos la oportunidad de estar en presencia de una de las Maravillas del Mundo como es Machu Picchu. Sin embargo, el país ofrece mucho más: cultura, gastronomía, arqueología, artesanía, etc. Al ser un país extenso y con tantos puntos turísticamente atractivos, son necesarios muchos días si lo que quieres es visitar la mayor parte del país pero también es posible vivir y sentir Perú en menos tiempo.

Machu Picchu.

Tras un vuelo nocturno de 12 horas llegamos a la capital del país, Lima. De camino al centro ya se empiezan a observar los contrastes que existen en la ciudad, me llamó la atención que en las afueras de la ciudad, cerca del aeropuerto, muchos edificios están por terminar incluso sin ventanas y los autobuses son antiguos, con la ruta pintada en la carrocería, un fuerte contraste con otros distritos más modernos de la ciudad como San Isidro o Miraflores. Una capital que ha contado con más de 9 millones de habitantes en 2020 y que, sin embargo, desde la erradicación del terrorismo nacional hace ya 20 años es muy segura.

Iniciamos la visita de Lima que suele incluir de manera panorámica el barrio diplomático y financiero de San isidro, el Parque olivar, Huaca Pucllana (con o sin entrada), unos de los principales atractivos turísticos de Lima metropolitana, la zona de embajadas y el Parque de la Exposición; no puedes perderte la Catedral de Lima, en plena Plaza de Armas (sólo da misa los domingos, el resto dela semana la entrada es de pago y no hay misas), la cual contiene los restos de Francisco Pizarro, conquistador español que lideró la expedición que iniciaría la conquista de Perú.

Catedral de Lima por dentro.

De camino al Convento de Santo Domingo, pasamos por el Palacio de Gobierno de Perú y atravesamos la Plaza de Armas, siempre llena de gente.

La siempre concurrida Plaza de Armas de Lima.

El convento de Santo Domingo, caracterizado por su arte mudéjar fue el lugar donde comenzó a funcionar en el siglo XVI la Universidad de San Marcos, oficialmente la primera universidad peruana y la más antigua de América.

Convento de Santo Domingo.

Desde que comenzaron las obras en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú en su lugar, tenemos la posibilidad de visitar el Museo Larco también muy interesante donde están representadas las culturas que precedieron a los incas así como su visión del mundo que les rodeaba, su día a día, los instrumentos y herramientas que usaban y la plata y oro que trabajaban.

Museo Larco.
Instrumentos incas expuestos en el interior del Museo Larco.

Otra parte de la visita de hoy, muy agradable si el tiempo acompaña (lo que no es difícil ya que prácticamente no llueve en todo el año debido a la situación de la ciudad entre la costa y la falda de la cordillera), es el Parque del Amor, inspirado en Gaudí y diseñado por Víctor Delfín. Además, mientras paseamos podemos leer en la estructura de los asientos, que tanto recuerdan al Parc Güell de Barcelona, frases de distintos poetas latinoamericanos.

El encantador Parque del Amor.
En los asientos del parque, leemos poemas de diferentes artistas latinoamericanos.

En esta zona de la ciudad encontramos el Centrocomercial Larcomar y 5km de malecón donde puedes dar un agradable paseo y suele haber mucha gente haciendo deporte.

Continuamos nuestra visita, hacia Barranco: el barrio bohemio de la ciudad, una zona ideal para visitar galerías de arte.

El bohemio barrio de Barranco.

Tras conocer a fondo la capital de Perú y pernoctar, nos dirigimos a Cuzco en un vuelo interno de aproximadamente 1 hora y 30 minutos de duración, para acercarnos a unas de las zonas más bonitas e importantes arqueológicamente hablando: Valle Sagrado.

Al llegar, lo primero que debemos tener en cuenta son las recomendaciones para aclimatarnos a la altura, ya que en esta zona es de 3.400 msnm. Hidratarnos mucho, no tomar comidas abundantes, usar protector solar y repelentes de insectos (aunque no hay ninguno especialmente peligroso), nos puede ayudar bastante. Además, es muy recomendable tomar el famoso mate de coca, disponible en alguno de los hoteles de forma gratuita.

La visita de toda la zona que comprende el llamado Valle Sagrado, nos llevará a conocer más a fondo la cultura peruana, su artesanía y forma de vida como es el ejemplo de Chinchero, nuestra primera parada.

Lo primero que encontraremos al llegar será una demostración de cómo las familias locales trabajan la lana de alpaca, cómo la tiñen y la tejen para diferentes usos como ropa, mantas, soporte para llevar a los niños, etc.

De las alpacas no sólo usan su lana, sino que también cocinan su carne, al igual que la de los cuys (cobayas).

Alpacas, llamadas también Vicuñas.

Es muy interesante ver como usan distintos minerales e incluso insectos, por ejemplo la chinchilla, para teñir la lana que luego tejen.

Tintes naturales típicos de la zona.
Mujeres locales trabajando la lana.

Una buena forma de contribuir a la economía local es aprovechar para comprar algún recuerdo o regalo en los puestos que tienen en el mismo recinto. Aquí, puedes comprar objetos fabricados con telas de lana de alpaca, como bufandas, caminos de mesa, colchas, bolsos y alfombras.

Mercado de Valle Sagrado.

Además de ver este proceso, el pueblo nos ofrece también la oportunidad de interactuar con locales o visitar su iglesia que data del siglo XVII, así como disfrutar de unas increíbles vistas de las terrazas de cultivo.

Mujer local paseando.
Mural pintado a mano en el pueblo.
Terrazas de cultivo típicas de la zona.

Tras esta visita a Chinchero, nos dirigimos a Moray, aproximadamente a media hora de distancia; hoy es un día en el que todos los traslados los realizaremos en minibús, ideal para poder contemplar el paisaje montañoso de la zona.

En Moray encontraremos más terrazas de cultivo, pero con una historia detrás y un porqué muy interesante.

Espectaculares terrazas de cultivo de Moray.

Moray está formado por tres conjuntos de terrazas perfectamente redondas a diferentes alturas, con el objetivo de crear distintos microclimas según lo que necesitaran cultivar. Actualmente, para preservar mejor esta maravilla ya no es posible bajar, solo puedes acercarte a los distintos miradores que hay, aunque esto no desmerece la visita, el paisaje a tu alrededor te dejará sin palabras.

A continuación nos dirigimos a las Salineras de Maras, aproximadamente a media hora de Moray.

Salineras de Maras vistas desde arriba.

Las famosas salineras, son minas de sal explotadas desde tiempos inmemoriales. Ubicadas en la ladera del cerro, las salineras, en forma de terrazas o andenes, son llenadas por agua subterránea que baja por la quebrada. El origen de la fuente de la misma es aún un misterio.

A continuación salimos hacia Ollantaytambo, uno de los puntos de salida de tren para dirigirnos a Aguas Calientes a 1 hora 40 minutos aproximadamente de distancia (el otro punto de salida se encuentra en Poroy, tiempo de trayecto 3 horas 40 minutos aproximadamente).

Antes de coger el tren, visitamos la parte arqueológica de Ollantaytambo donde podremos encontrar ruinas y antiguas fortalezas incas con grandes terrazas.

Vista de Ollantaytambo.
Terrazas del complejo arqueológico de Ollantaytambo.

Tras la visita arqueológica, salimos en tren nocturno a Aguas Calientes, punto de encuentro para subir a Machu Picchu, ¡la gran maravilla del mundo nos espera en unas horas! (A tener en cuenta que si se llega a Aguas Calientes al anochecer algunas calles no siempre tienen luz y tampoco están asfaltadas).

Tras nuestra noche en Aguas Calientes, comienza uno de los días más emocionantes del viaje: salimos en autobús a primera hora de la mañana para subir a la montaña. A pesar de ser solamente 30 minutos de trayecto, la subida es complicada, pero salvada gracias a la pericia de los conductores.

Es importante conocer bien los horarios ya que actualmente sólo se puede acceder a la ciudadela durante 4 horas en un mismo día y siempre acompañados de un guía. Además, si se quiere hacer Huayna Picchu sólo es posible en horario de mañana. Las personas mayores o con movilidad reducida pueden acceder sin problema por senderos menos intensos; el ascenso hasta los miradores no es complicado pero si cansado, hay muchos escalones de piedra.

Vista de la ciudadela de Machu Picchu.

No sólo es un paisaje impresionante, también tiene una historia muy interesante: ciudadela construida antes del siglo XV, colonizada por diversas poblaciones andinas y conquistada por el inca Pachacútec, quien debido a las impresionantes características de la ubicación geográfica de esta quebrada, mandó construir un complejo urbano con edificaciones para alojar civiles y realizar actividades religiosas en 1450. Se estima que la población de la ciudadela bajo el mando del inca, pudo llegar a los 1.000 habitantes en su mejor momento antes de que, tras la muerte del inca, fuera administrada por distintas familias para posteriormente dejar de tener “interés” desde la llegada de los españoles y el incremento en importancia de otras rutas y ejes económicos en la zona. Así, la ciudadela acabó abandonada y vencida por la selva hasta que años más tarde el explorador Hiram Bingham, orientado por aldeanos de la zona, “redescubriera” las ruinas y en 1912, la Universidad de Yale, la National Geographic Society y el gobierno peruano, aunaran fuerzas para iniciar trabajos arqueológicos que duraron tres años hasta que pudieron empezar a excavar las tumbas incas.

Lo que se conoce de Machu Picchu en la actualidad es que es una ciudadela de 530 metros de largo por 200 de ancho que cuenta con 172 recintos divididos en dos grandes zonas: la zona agrícola y la zona urbana. En la zona agrícola, se encuentran las terrazas de cultivo y en la otra zona, se ubicaban los habitantes de Machu Picchu, donde se realizaban las principales actividades civiles y religiosas. Lo que se puede ver en la actualidad, sin embargo, son reconstrucciones realizadas bajo un minucioso y detallado trabajo arqueológico e histórico.

Vista de la parte civil de la ciudadela.
Entrada a Huayna Picchu (está dentro del recinto).
Espejos de agua usados para el estudio de las estrellas.

Tras la visita de la ciudadela y disfrutar del impresionante paisaje que lo rodea, volvemos a bajar al pueblo Aguas Calientes. En plena estación de tren, se encuentra el mercado donde podemos aprovechar para realizar algunas compras.

Mercado de la estación de tren de Aguas Calientes.

Por la tarde, cogemos de nuevo el tren para volver a Ollantaytambo y de ahí, en autobús al hotel en Cuzco en aproximadamente 2 horas para hacer noche.

Tren de regreso a Ollantaytambo.

Hoy, tenemos que madrugar, ya que nos esperan casi 4 horas de camino por una carretera bastante mala con muchos baches por delante para llegar a nuestro próximo destino: Palccoyo; destino similar a la ya famosa Montaña de Colores Vinicunca, pero con alguna diferencia:

-Una misma cordillera donde cada punto mencionado está en un extremo.

-Para ir a Vinicunca es necesario madrugar más, ya que está más lejos de Cuzco que Palccoyo.

-El trekking o la subida a Vinicunca es más exigente y hay caballos para subir por si no pudieras hacerlo a pie.

-En Vinicunca, hay una montaña de colores y en Palccoyo hay tres, que vas viendo a medida que subes.

En este caso, nos centramos en Palccoyo, todavía algo más desconocida que Vinicunca y con menos afluencia de turistas. Desde el momento que bajas del bus puedes ver la primera montaña de colores. El punto más alto al que llegaremos está a unos 4900 msnm.

Comienzo de la caminata a Palccoyo.
Montañas de Palccoyo.
El denominado Bosque de Piedras.
Vista de la segunda montaña (más alejada).
Tercera montaña (más accesible).

Es un enclave interesante y las vistas son increíbles, no obstante, hay que valorar que el camino hasta llegar no es cómodo y se hace largo.

Finalizado nuestro pequeño trekking en Palccoyo, nos encaminamos hacia el Puente de Q’eswachaka, el cual está construido con cuerdas por locales quienes lo deshacen y reconstruyen de nuevo cada año para mantenerlo, es posible cruzarlo si lo deseas.

Vista del Puente de Q’eswachaka.

Al final del día volvemos a Cuzco para nuestra última noche y despedirnos de este viaje exprés, pero intenso y con momentos inolvidables.

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