¡Madagascar, pura magia!

Este post ha sido escrito por Ana Gete, directora de la línea de Viajes a Medida de Arawak Viajes, llamada Bidón 5.

Cuando decidí viajar a Madagascar, mi expectativa sobre esta isla era baja, pero tenía mucha curiosidad debido a que algún conocido me había comentado que también les había pasado pero que me iba a sorprender… así que me fui ilusionada y con buenas sensaciones! Después de un largo vuelo, llegué a su capital, Antananarivo, en el centro prácticamente de la isla. Al llegar y con los trámites en el aeropuerto, me di cuenta de que estaba en África, ese continente que no pasa desapercibido para nadie…

Todo en Madagascar te recuerda a África, pero sorprendentemente también te recuerda a Asia, es una mezcla muy atractiva y que poco a poco te va envolviendo. La gente es negra, con los ojos rasgados, sonrientes y muy amables. Un destino lleno de magia.

La capital es una ciudad muy grande, con un gran lago en medio, rodeada de mercados entre sus calles, llenos de color. Calles estrechas, bulliciosa y con pocos semáforos así que algo caótica, jardines con flores y el Palacio de la Reina en lo alto de la colina con vistas espectaculares. Una ciudad llena de vida en sus calles y con una bonita estación de trenes. En la capital me llamó la atención que una gran mayoría de la población no cuenta con agua corriente en sus casas y te encuentras por todos lados bidones amarillos que utilizan para llenar de agua en los puntos donde se distribuye. Mucha pobreza se ve en todo el país y mucho contraste con la clase adinerada.

Comencé la ruta hacia el noreste para visitar el Parque Nacional de Andasibe donde la naturaleza te envuelve. La visita se realiza a pie, a través de un bosque tropical en busca de las especies que habitan en su interior. Allí vi a mis primeros lémures!!. Nunca pensé que fuera tan fácil verlos y tan diferentes unos de otros. En este caso vi a los lémures más grandes de Madagascar, el Indri, y los curiosos Sifakas. Ambos se encuentran subidos en lo alto de los árboles, pero la guía del parque hizo bien su trabajo y les llamó para incitarles a que se movieran y saltaran de un árbol a otro. Tuve la suerte de que alguno bajó al suelo así que los vi bastante cerca. Disfruté mucho viendo como las hembras llevan a su bebe a cuestas protegiéndoles y dándoles de comer sin separarse un minuto de ellos y a los machos aullando por todo el bosque. Como todos los animales, son muy curiosos y sientes cómo te observan con esos ojos redondos y marrones que se distinguen claramente en la cara.

Por la noche tienes la opción de realizar un safari nocturno por algunos de los bosques cercanos a los alojamientos (reservas privadas) donde puedes observar diferentes especies nocturnas como camaleones, geckos, lémures rata, arañas, entre otras muchas especies. No te olvides de la linterna!

Después de esta primera experiencia en la isla, me dirigí hacia las Tierras Altas, viajando a través de campos de arroz salpicados por casas de adobe techadas y mucha vida en las calles. En algunas casas con terraza de madera, se observan colgadas cosechas secándose al sol. Un espectáculo de colores!

Una parada obligada es la ciudad del foie-gras y magret, Behenjy. Estos platos riquísimos, al que le gusten, se exportan a países como Bélgica para ser cocinados según la tradición francesa. ¡Imposible no probarlo! En los arrozales se ven bandadas de patos disfrutando en sus campos anegados y granjeras vigilando que no se escapen. Muy simpático!

Tras esta parada, continué mi ruta por carretera (aviso que las carreteras en esta isla son asfaltadas pero están en muy malas condiciones, así que las jornadas suelen ser muy largas) y antes de llegar a Antsirabe, pasé por Ambatolampy para conocer la curiosa fabricación artesanal de las ollas de aluminio, que encuentras colgadas en todas las tiendas como souvenir! A última hora llegué a la ciudad colonial de Antsirabe que de nuevo me recordó a un país asiático ya que la población se mueve en Pousse-pousse (similares a los rickshaws de India). De vivos colores, los encuentras aparcados en todos lados. Allí visité el mercado, la catedral y la estación de trenes, entre otros edificios coloniales, legado de la época colonial francesa. Una ciudad que merece mucho la pena recorrerla y pasar un tiempo conversando con la gente del lugar.

Mi siguiente parada fue en el increíble, Parque Nacional de Ranomafana, gran bosque húmedo donde habitan varias especies de lémures. El camino hasta Ranomafana hacia el sur de la isla cambia, así como las construcciones de las casas, pasando del adobe al ladrillo. Aunque siguen apareciendo paisajes en terrazas de arroz y campos de cereales, ya se empieza a ver la cordillera al fondo bordeando el horizonte. Según la época en la que se visite Madagascar los campos de arroz pueden estar muy verdes o amarillos y con más o menos agua. El paisaje en la época de lluvias es espectacular y se asemeja a un paisaje escocés, todo verde, increíble!

En el Parque Nacional de Ranomafana el recorrido es a pie y dependiendo de la zona que visites tienes que caminar bastante por un bosque húmedo y resbaladizo. Los lémures se encuentran en los árboles comiendo los frutos y, con la ayuda de los guías del parque y los rastreadores, puedes ver varias familias de diferentes especies.

¡Cuidado con las sanguijuelas en este parque, sobre todo cuando llueve, que es algo habitual! Salen y se meten por el pantalón, así que recuerda ponerte los calcetines largos por encima del pantalón (tranquilos que se quitan fácilmente si se te enganchan). 

Este parque no te lo puedes perder ya que esconde grandes secretos y es una experiencia inolvidable y super recomendable!

Siguiendo con la ruta por la isla, ahora viajaremos hacia el interior para atravesarla por el sur hasta llegar a la otra costa donde acabaremos la ruta.

Pasaremos por Sahambavy, única zona donde se encuentran las plantaciones de té, ciudades tan interesantes como Fianarantsoa y Ambalavao, ambas del grupo étnico Betsileo y donde encontramos diferencias en el tipo de construcción de las viviendas, más altas y de forma rectangular, con balcones de madera y pintadas de diferentes colores, gente muy alegre por las calles, algunas adoquinadas, iglesias abarrotadas de gente… además de ser la cuna del papel artesal antemoro. Merece la pena ver como elaboran el papel.

Cerca de estas ciudades se encuentra la simpática Reserva de Anja, gestionada por una asociación local y hogar del famoso lémur Maki. Rodeados de piedras calizas, rebaños de cebús (carne típica del país), casas de adobe y un paisaje muy agradable. La visita se hace con un guía de la reserva a través de un sendero de arena hasta llegar a un bosque donde se encuentran los simpáticos Lémures Maki, famosos por su cola anillada, blanca y negra. Allí se encuentran en total libertad, recorriendo el bosque, bien en el suelo caminando, comiendo, subidos a los árboles, en las rocas… una experiencia super divertida rodeada de estos simpáticos animales y en el que se pasa el tiempo sin darte cuenta.

Además tmbién se pueden ver camaleones y hay muchos lugares para explorar como por ejemplo, cuevas y formaciones rocosas que puedes trepar para obtener unas vistas impresionantes de los alrededores. Un lugar muy recomendable para estar todo el día disfrutando del paisaje.

Seguimos con nuestra ruta cruzando la isla por el sur hasta llegar a la costa. Dejamos las Tierras Altas y el paisaje cambia completamente según nos adentramos en la sabana malgache, salpicada de casas de adobe y con formaciones rocosas muy peculiares.

Mi siguiente parada y una de las más llamativas, es el Parque Nacional Isalo, uno de los parques más visitados de la isla. Este parque cuenta con diferentes cañones, piscinas y cascadas naturales cada una en un entorno diferente, formaciones rocosas de formas muy peculiares que cambian de luz según pasa el día y tumbas Bara que se localizan en cuevas muy remotas. Este grupo étnico, los Bara, es uno de los más importantes del país.

La visita a Isalo debe ser de, al menos, 2 días completos para poder disfrutarlo bien debido a su extensión. Los recorridos se realizan a pie a través de senderos en zonas boscosas y cañones de mayor o menor dureza, contemplando la abundante fauna y flora endémica y rodeados de formaciones calizas, poblados llenos de gente alegre con vivos colores, piscinas de diferentes colores que se forman en los cañones y donde recomendamos tomar un baño, cascadas… ¡El calor en esta zona es tremendo, sobre todo en la época seca, así que el baño es ideal! ¡Hacer una parada para almorzar en alguno de los merenderos que hay en la zona y contemplar el paisaje que nos rodea, es alucinante!

En una de las zonas de Isalo se encuentra la famosa “Ventana de Isalo” donde literalmente el sol se cuela por un agujero mágico en una curiosa formación rocosa. Ver el atardecer en esta zona no le puede pasar desapercibido a nadie… los cielos cambian de color, las formaciones rocosas se pintan de naranja, amarillo, azul y además el contraste con el verde de la sabana… Increíble!!

Recomiendo, al menos una noche, alojarse en Isalo Rock Lodge, un lugar precioso con vistas espectaculares al parque y donde la comida es excelente. ¡Observar el cielo lleno de estrellas desde el hotel por la noche, sin contaminación lumínica ni ruidos, es algo que no te puedes perder!

Después de estas jornadas tan completas y activas, necesitaba relajarme en la playa así que salí rumbo a la costa. En ruta, parada en las famosas tumbas Mahafaly. Estas tumbas son muy curiosas ya que están decoradas según el estatus y la vida del difunto, bien con estelas esculpidas en piedra con diferentes dibujos y colores, muros con pinturas de su vida cotidiana o de animales, entre otras decoraciones curiosas …

Comenzaremos a ver los primeros baobabs a los lados de la carretera y de diferentes especies. Cerca de Tulear en la Reserva de Reniala, se visita un bosque de baobabs.

Llegada a Ifaty, una zona de playa de arena blanca con pequeñas aldeas de pescadores de la etnia Vezo, con sus barcas tradicionales. Durante estos días visité las playas de Ifaty y de Madiorano, de arena blanca y con un ambiente muy tranquilo dado que no hay prácticamente turistas. Una zona ideal para descansar, disfrutar de las terrazas en la playa y comer platos típicos de la zona a base de pescado recién cogidos, así como carne y arroz, mientras disfrutas de la brisa del mar. Qué lugar mejor para terminar un viaje?

En esta zona se pueden contratar directamente en los hoteles actividades por los alrededores como por ejemplo, bucear o hacer snorkel en la barrera de coral que se encuentra frente a la costa de Ifaty, observar ballenas (según la época del año), realizar otras actividades acuáticas o visitar la Reserva de Reinala.

Pasados unos días, regresé a España desde Tulear con escala en Antananarivo. Mi experiencia ha sido maravillosa, he pasado momentos inolvidables en esta encantadora isla y con una sensación de querer volver. Madagascar cuenta con muchos otros lugares increíbles que tampoco debemos perdernos como todo el oeste, super desconocido pero con lugares únicos como la avenida de los baobabs, típica foto de Madagascar, los Tsingys y sus formaciones rocosas emergiendo desde el suelo como cuchillos y las maravillosas y cristalinas playas del norte, así como los alrededores de Nosy be, el archipiélago de Mitsio o la Isla de Sainte Marie, entre otras muchas zonas con aguas turquesas y fondos marinos. ¡Navegar en esas aguas es inolvidable!

No te pierdas esta desconocida y mágica isla, te sorprenderá…!!!

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