«Viajando con Arawak desde el sofá»: La Ruta de los Cátaros_Día 3

¡Buenos días! ¿Conocéis el título de “los pueblos más bonitos de España? Pues en Francia también existe y nuestro siguiente destino es uno de ellos… Hoy vamos a visitar Rocamadour, un pequeño pueblecito de la región de Occitania que descansa en un acantilado calizo de 120 metros (no sobre un acantilado, sino «en uno»), con vistas impresionantes sobre el cañón de Alzou y catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es el segundo destino turístico de la región después de Mont Saint Michel. Dicen que su nombre proviene de las reliquias de San Amador, cuyo cuerpo presuntamente incorrupto, fue encontrado por monjes Benedictinos en el interior del santuario mariano, en el año 1162. Aunque es un lugar muy atractivo para el turismo, principalmente su fama proviene del Santuario de la Virgen Negra, que durante siglos ha atraído peregrinos de todos los países, entre ellos reyes, obispos, y nobles, como Luis IX de Francia, Enrique II de Inglaterra y Alfonso III de Portugal, o predicadores como Domingo de Guzmán o Antonio de Padua, marinos como Jacques Cartier, el compositor Francis Poulenc etc. El camino que los peregrinos de la Edad Media hicieron hacia Santa María de Rocamadour, es actualmente un GR (un sendero Gran Recorrido) en el que los actuales peregrinos se encuentran muchas imágenes de esta Virgen.

Rocamadour

216 peldaños de «la Gran Escalera» conectan la parte alta con la baja del pueblo, aunque hay unos ascensores (de pago) para poder realizar este recorrido sin cansarse. Llegamos al parking de la parte alta, y lo primero que hacemos es acceder al castillo, del siglo XIV, del que sólo podemos visitar las murallas, ya que es privado, y ver las vistas del cañón, el río, el pueblo y los paisajes protegidos de los alrededores del Parque Natural Regional de Causses du Quercy.

Castillo de Rocamadour

Seguimos hacia el casco antiguo (más conocido como «La Cité»), para llegar a la plaza de las iglesias donde vamos encontrando algunos de los siete santuarios que tiene Rocamadour. Entre ellos destaca la Capilla de Notre-Dame, donde encontramos a la Virgen Negra. Una leyenda dice que la estatua es obra de San Amadour, ayudado por San Lucas, porque los sacerdotes del santuario quisieron una estatua de origen antiguo, estando datada en el siglo XII. En el exterior hay una espada clavada en la roca, de la que se dice que es la Durandal, la espada del héroe Roldán. Cerca de esta capilla se encuentra la tumba de San Amadour. El antiguo palacio episcopal, al que también se entra desde la plaza, alberga el Museo de Arte Sacro, con su colección de obras religiosas de la ciudad. Las paredes del interior de la Iglesia de San Sauveur estaban cubiertas de pinturas y de inscripciones que recuerdan los peregrinajes de personajes famosos. Y un poco más abajo nos encontramos con una larga vía medieval llena de tiendas de recuerdos y restaurantes turísticos, la Grande Rue, que nos lleva hasta la Porte de Figuier, una de las puertas de acceso de la ciudad. Al otro lado de la calle podremos observar una de las puertas medievales originales.

Plaza de Rocamadour

En el mes de agosto se celebra el «Durandal», una fiesta medieval que incluye un torneo de caballería.

La ciudad dió su nombre a un queso de leche con denominación de origen en 1996. Este queso se elabora con leche entera cruda, una buena opción para probar a la hora de comer junto con foie gras de la región o cordero de Quercy maridado con un vino Amadour rojo, típico también de la zona. Y para cerrar el menú, un pastel de nuez, otra especialidad local.

Y si queremos llevarnos un recuerdo que no se estropee, con la misma leche de cabra del queso, fabrican unos jabones muy buenos y con muchas propiedades para la piel.

Calle de Rocamadour

Salimos ya de Rocamadour para dirigirnos hacia la ciudad de Cahors, clasificada como Ciudad de arte y de historia, que está situada en una península rocosa rodeada por el río Lot. Fue la capital de la antigua provincia de Quercy y una etapa de peregrinaje del Camino de Santiago, en la «Via Podiensis». Cuatro puentes cruzan el río Lot en Cahors, entre ellos el famoso Puente Valentré. En el siglo XIII, y gracias a los banqueros lombardos establecidos en el lugar, Cahors se transformó en un importante centro financiero. Y fue tan influyente que el papa Juan XXII, nacido aquí, estableció una universidad en 1331 que funcionó hasta 1751 cuando fue absorbida por la universidad de Toulouse. El río Lot, que rodea Cahors, es navegable para pequeñas embarcaciones y hay esclusas para facilitar su paso. Esto promovió mucho el comercio haciendo que la ciudad floreciera.

Vista de Cahors

Lo primero que nos encontramos al llegar a la ciudad es el Puente Valantré, puente de piedra medieval del S. XIV, monumento histórico y emblema de la ciudad. De 138 metros de longitud, tiene seis grandes arcos góticos de 16,50 m perfectamente conservados y está dominado por tres torres almenadas de planta cuadrada y unos matacanes que dominan el agua desde una altura de 40 metros. Es un ejemplo excepcional de arquitectura de defensa medieval por lo que se encuentra protegido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Cuenta la leyenda que el puente tardaba tanto en hacerse poque el arquitecto había hecho un pacto con el diablo a cambio de su alma pero, engañando al mismo diablo, consiguió salvarse. A cambio, el diablo todas las noches arrancaba una piedra de la torre central que había que reponer hasta que en 1879 pusieron una piedra esculpida con la efigie del demonio y no volvió a desaparecer ninguna piedra.

Punte Valantré

Si seguimos hacia adelante, nos adentramos en la bulliciosa ciudad vieja, donde se mezclan el rojo del ladrillo, el gris de la piedra calcárea y el ocre del gres. Recorremos las pequeñas calles medievales, sus plazas y alguno de los 26 Jardines secretos que adornan la ciudad; no en vano la ciudad ostenta el título francés de Jardines Notables.

Destaca la imponente Catedral de Saint-Étienne, un edificio románico construido a principios del siglo XI y uno de los primeros grandes edificios de Francia con cúpula sobre pechinas. La fachada fortificada románica luce un bello portal románico con esculturas en el tímpano, aunque fue rectificado en el siglo XIV. La temática del tímpano es la ascensión de Cristo, representando a Jesús de pie rodeado por una mandorla, con dos ángeles, los apóstoles y la Virgen. A cada lago de los ángeles podemos ver la representación de la historia de San Esteban, patrono de la catedral.
Da impresión de sobriedad, parecida a la muralla de un castillo, con un campanario con dos torres y un rosetón, sin embargo el interior es luminoso y sorprende por la falta de transepto. Contiene dos cúpulas
de estilo bizantino sobre pechinas de 32 metros de altura que descansan sobre seis pilares. Una de las cúpulas está decorada con frescos del siglo XVI, que representan la lapidación de san Esteban y ocho profetas montados cada uno sobre un animal. Además de este fresco, hay numerosas pinturas medievales sobre los muros del edificio. El ábside sin embargo es gótico, realizado sobre uno anterior románico, con ocho columnas con capiteles esculpidos. En la iglesia se encuentran varios sepulcros entre los cuales está el del beato Alain de Solminihac y en la capilla de la cabecera se encuentra la Santa Cofia que habría usado Jesús y que habría traído Géraud de Cardaillac, obispo de Cahors, a su regreso de un viaje a Tierra Santa hacia 1113. Una puerta, a la derecha del coro, permite acceder al claustro gótico flamígero de principios del XVI. En el lado oeste está la capilla de Saint Gauber, cuya bóveda está adornada con pinturas del Renacimiento italiano y sus muros con frescos del siglo XV que representan el infierno y el juicio final. Aquí está el museo de arte religioso con exposición de los ornamentos sacerdotales y retratos de 93 obispos de Cahors.

Catedral de Saint-Étienne

Y por lo que también es conocida Cahors, es por su vino tinto, un buen recuerdo para llevarse a casa. De momento regresamos al hotel para descansar y, quien quiera, dar una vuelta por Toulouse para ver sus magníficos monumentos iluminados. ¡Hasta mañana!

Una respuesta a “«Viajando con Arawak desde el sofá»: La Ruta de los Cátaros_Día 3”

  1. Este viaje lo realizamos el año pasado….. Fue un viaje increíble, por la zona, por los pueblos, por los castillos y como no, por la guia tan fantástica que tuvimos, Sol.
    Viaje muy recomendable sin duda

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