«Viajando con Arawak desde el sofá»: La Ruta de los Cátaros_Día 2

Vamos con un día impresionante… Tras un desayuno francés, vamos a visitar L’Isle sur Tarn, una preciosa ciudad fortificada a orillas del río Tarn fundada en el siglo XIII como una casa de campo para Raimundo VII, conde de Toulouse. La ciudad conserva muchos vestigios de su prestigioso pasado: el puerto, el diseño de sus calles, las casas con entramado de madera y la plaza porticada de 4.425 m2 adornada por la fuente Griffoul (con la cruz occitana y la flor de lis para marcar la unión entre el condado y el reino de Francia).

Plaza de L’Isle sur Tarn

Entre todos los edificios destaca la iglesia de Nuestra Señora Notre-Dame de la Jonquière, del siglo XIII y XIV. Su torre octogonal acaba en una aguja que alcanza los 50 metros de altura. En el interior, la iglesia alberga un rico mobiliario, parte del cual proviene de la capilla de los Agustinos en Toulouse. Desde septiembre de 2019, L´isle sur Tarn ha entrado a formar parte de la marca “pequeños pueblos con carácter de Francia”, que reconoce el patrimonio de la ciudad.

L’Isle sur Tarn

Ahora nos vamos a acercar a Albi, ciudad episcopal  inscrita como Patrimonio Mundial de la Unesco, situada junto al río Tarn. Fueron las arcillas de este río las que se utilizaron para elaborar los ladrillos rojos que caracterizan su arquitectura local: su catedral, sus casas, puentes, palacios y molinos. De ahí su sobrenombre de «ciudad roja». Es una ciudad fundada en tiempos del Imperio Romano. Conocida como «Albiga», dio origen a la secta religiosa de los “albigenses”,  de profunda religiosidad, en la que se trataban como iguales a las mujeres y aceptaban las diferencias de credo defendiendo a la vez que el infierno no existía. Sólo los puros, los cátaros, ponían en práctica este principio que contradecía a la iglesia al proclamar que Dios no se pudo encarnar y en 1209, una cruzada dirigida por Simón de Montfort e impulsada por el papa Inocencio III, el rey de Francia Felipe II Augusto y los cistercienses, acabó con ellos.

Albi

La ciudad de Albi forma parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco desde julio de 2010. En ella destaca la Catedral de Santa Cecilia, la catedral de ladrillo más grande del mundo, que puede verse desde cualquier ángulo en la ciudad. Este edifico que se asemeja a un recinto militar, comenzó a construirse en 1282, prolongándose por espacio de dos siglos. Considerada una joya del gótico meridional, es un edificio sobrio en su exterior, enriquecido en 1392 con la puerta Dominica de Florence, y un campanario en forma de torre de 78 metros de altura acabado en 1492. Sin embargo, presenta una rica decoración interior, en la que sobresalen los frescos, el lectorium de estilo gótico flamígero o las bonitas estatuas. Las pinturas murales del siglo XV debajo del órgano, representan el Juicio Final y destacan por su superficie, su calidad y su disposición en espejo con la Creación del Mundo / Resurrección. Los frescos de la bóveda de ricos colores de principios del XVI similares a la pintura del renacimiento italiano, tienen 97 metros de largo x 28 m de ancho, por lo que se cree que son los más grandes y antiguos de Francia.

Catedral de Santa Cecilia

Al lado de la catedral se encuentra el Palacio de la Berbie, antiguo palacio episcopal que hoy alberga el Museo Toulouse-Lautrec. Construido también en ladrillo en el siglo XIII, está catalogado como Monumento histórico de Francia desde 1862. Fue sede de la Inquisición pontificia, encargada de combatir cualquier rastro de la herejía cátara. En 1905, el palacio albergó el Museo de Albi y, tras la muerte del artista Henri de Toulouse-Lautrec nacido en esta ciudad en 1922, se convirtió en el Museo Toulouse-Lautrec. Este museo alberga numerosas obras del autor, unas mil entre pinturas, dibujos, carteles…,además de una serie de objetos relacionados con él y obras de artistas antiguos, como Francesco Guardi o Georges de La Tour, y pintores contemporáneos como Édouard Vuillard, Pierre Bonnard, Maurice Denis o Paul Sérusier. Desde los preciosos y románticos jardines, hay unas preciosas vistas del río Tarn y del Puente Viejo,  uno de los más antiguos de Francia aún en uso. Con 150 m de largo, fue construido en piedra a mediados del siglo XI,llegó a tener capilla, puente levadizo y una torre-puerta fortificada, destruidos por una crecida del río.

Museo Toulouse –
Lautrec

Ahora nos vamos a dar un paseo por el Viejo Albi, su casco antiguo, una zona de calles estrechas donde no existe la línea recta donde podemos ver otras joyas de su patrimonio histórico local. Por ejemplo, el barrio de Saint-Julien, muy cerquita de la catedral, donde podemos encontrar el mercado local con diferentes puestos dedicados a la gastronomía, el museo de la Moda o la casa más antigua de Albi, la casa romana del siglo XII.

Y siendo hora de comer, podemos probar el magret de pato, foie gras, queso Roquefort, cordero de Assac, ternera de Tarn, quesos de Lacaune, Rissole con Armagnac y la repostería tradicional.

Jardines del Museo Toulouse –
Lautrec

Finalmente nos acercamos por la tarde a Cordes sur Ciel, un fantástico pueblo medieval encaramado en lo alto de una colina, pueblo atalaya con cuatro murallas concéntricas que protegen un conjunto de calles adoquinadas, estrechas y tortuosas parecidas a un laberinto. El primer recinto es de principios del siglo XIII y es aún más visible desde la cima del monte. Las fortificaciones fueron modificadas varias veces hasta el Renacimiento. Tras pasar la puerta de la primera muralla nos sentiremos trasladados a la época medieval, y más cuando pasemos la segunda puerta y accedamos al interior del recinto amurallado. Como eje central, aparece una plaza ajardinada, otra con el recinto de columnatas del antiguo mercado del siglo XV, y una tercera que se abre ante la Iglesia de San Miguel, con su particular campanario del siglo XIII y fortificada en el XIV. La ciudad alta de Cordes-sur-Ciel conserva unas espléndidas casas góticas de gres ocre en cuyas fachadas podemos observar esculturas en alto relieve en las que cobran vida dragones y animales y personajes extraños, todo un lenguaje cuyo misterioso significado hace que reine un clima de leyenda. Destacan la Casa del Gran Halconero o Cetrero, la Casa del Gran Montero y la Casa Prunet, donde se encontró emparedado el «manuscrito de las Suertes de los Apóstoles»del siglo XIII, una recopilación de oráculos en lengua occitana.

Cordes Sur Ciel

Sus calles están repletas de tenderetes de artesanos y galerías de artistas que se encuentran más decoradas durante la fiesta medieval del Gran Cetrero, que tiene lugar en el mes de julio y es cuando se revive con más fuerza el ambiente medieval. Si subimos hasta el punto más alto, tenemos unas vistas inolvidables sobre todo el valle.

Calle de Cordes Sur Ciel

Y por hoy, ya no nos queda más que regresar al hotel en Toulouse y coger fuerzas para mañana… ¡Seguimos con más y mejor!

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